John Singer Sargent (Estados Unidos, 1856-1925)

  
  
Fue el pintor de retratos más célebre en esta especialidad en su tiempo. Nació en Florencia el 12 de enero de 1856. Era hijo del doctor Sargent, de Boston, que descendía de un emigrado inglés, mientras que su madre pertenecía a una antigua familia de Filadelfia.
  
 Un joven Sargent
  
Hizo los primeros estudios en la Academia de Florencia y después se trasladó a París, donde frecuentó el taller de Carolus Duran, que nunca tuvo en mucha estima el arte de su discípulo, ni siquiera cuando ya era célebre. Sin embargo, Sargent tuvo más de un rasgo común con Duran, salvando la diferencia de temperamento y de raza. 
  
 
 
 
 
En un viaje que hizo a España, en 1879 estudió profundamente las obras de Velázquez, que ya su maestro le había enseñado a admirar, como, en general, toda la pintura española; pero a decir verdad, la influencia que el autor de Las Meninas ejerció en Sargent no pasó de ser superficial, lo mismo que en Duran; mas de esto a aceptar el juicio que a Begas le mereció el arte de Sargent, haya mucha distancia. Para Begas, el pintor americano era como una modista que vestía a sus clientes lo mejor posible. En realidad, como ha dicho un crítico francés, el arte de Sargent era una transición entre el de Carolus Duran y el de Manet, existiendo entre los tres el rasgo común del estudio y la admiración por Velázquez. Segun el citado crítico, K.E. Schmidt, Duran acomodó Velázquez al gusto de lpúblico rico, mientras que Manet, indiferente del aspecto financiero, buscaba únicamente en el maestro español la solución del problema de la forma, de la luz y del movimiento. Sargent aprovechó no sólo las enseñanzas de Velázquez, sino también el ejemplo de Duran y de Manet, y si en arte no es tan honrado y libre como el de éste, tampoco es un arte de Salón.
  
 
  
Se le ha reprochado de halagar a sus modelos, pero sus adulaciones son tan ingeniosas, tan distinguidas y tan artísticas, que se le perdonan de buena gana y aún admitiendo en él cierta superficialidad, no se puede negar que ningún retratista de su época ha sabido apoderarse y realizar el aspecto saliente de la fisonomía humana. Especialmente sus retratos masculinos son obras maestras de caracterización.
  
  
  
Fruto de su viaje a España fue Carmencita, en el que nos muestra una bella mujer española posando altiva con un espectacular vestido de seda amarilla con bordados plateados,  expuesto en París y adquirido más tarde por el Museo de Luxemburgo. En este cuadro ya apuntaba Sargent sus cualidades y defectos y su autor consiguió rápida celebridad.
  
 Carmencita
  
Sin embargo, la fortuna que le había acompañado en sus primeros pasos, se trocó en adversidad ya que su retrato de Mme. Gautreau (Virginie Avegno) con el que Sargent confiaba en labrarse una reputación, y de hecho lo logró, aunque no de la manera que hubiera deseado, provocó un escándalo y tuvo que abandonar Francia a toda prisa. Sargent hubiera pedido a Virginie Gautreau, famosa belleza de la alta sociedad, que posase para un retrato. Virginie era una compatriota estadounidense que estaba casada con un adinerado banqueror francés. Enseguida accedió a posar, pero el cuadro avanzaba muy despacio. Virginie era una modelo impaciente y Sargent encontró que su belleza resultaba “impintable”. Alteró la composición en diversas ocasiones antes de decidirse por una postura que acentuase el característico perfil de la modelo. Finalmente el cuadro se expuso en el Salon de París de 1884. No se especificó formalmente la identidad de la modelo, pero Virginie era tan famosa que la reconocieron numerosas personas. El público quedó escandalizado por el vestido escotado, desconcertado por el fúnebre maquillaje blanco, incómodo por la extraña posición del brazo derecho y, sobre todo, indignado por el hecho de uqe uno de los tirantes del vestido colgase del hombre: un claro signo de falta de decoro sexual. La familia de Gautreau quedó horrorizada y rogó al artista que retirase la pintura. Sargent intentó pintar de nuevo el tirante, pero no se le permitió hacerlo hasta terminada la exposición. A raíz del escándalo, Sargent abandonó París, aunque siempre sostuvo que este retrato era su mejor trabajo.
  
  
Mme. Gautreau (Virginie Avegno)
  
 Años más tarde, 1916, cuando vendió la pintura al Museo de Arte Metropolitano de Nueva York le cambió el  nombre por el de: “Madame X”   repintando el tirante sobre su hombro derecho para tratar de poner fin al escándalo.
  
 Madame X 
  
  
Traslada su residencia a Londres, pero en la capital inglesa, también tuvo que luchar con grandes dificultades, tanto que según cuentan sus íntimos, estaba decidido a dejar la pintura para dedicarse a la música, arte que había estudiado a fondo y para el cual poseía nada vulgares aptitudes. En 1886, presentó el retrato de Miss Wicken, que no se le hubiera admitido a no ser por la influencia del pintor Herkomer, uno de los pocos que entonces admiraban al joven artista. Entre los demás artistas, y más aún entre el público, chocaba su pintura atrevida y repleta de influencias extrañas, aunque ya con la tendencia mundana que siempre había de caracterizarle. Sólo un año más necesitó Sargent para imponerse y convertirse en el pintor de moda.
  
  
  
En 1887, su cuadro Carnation, Lily, Lily Rose, representando dos niñas en un jardín encendiendo farolillos chinos, fue objeto de las críticas más encomiásticas y adquirido por el Estado para la Galería Tate.
   
   
Carnation, Lily, Lily Rose
  
 Estudio
  
A partir de entonces su popularidad fue en aumento. Reactivo su carrera, y le llegaron encargos de retratos de compañeros estadounidenses, el más importante de ellos, el de Isabella Stewart Gardner, fundadora del museo bostoniano que aún conserva su nombre. Gardner conoció la obra de Sargent en 1882 cuando su primo compró El jaleo, un cuadro sobre bailaores flamencos, y de ahí que le encargara su retrato.
  
 
El jaleo
  
 Comparado con Madame X, el retrato de Isabella es un modelo de recato. La postura de la modelo es frontal y simétrica, extraña combinación para Sargent, aunque lo que más destaca es el extraordinario fondo. Está basado en un brocado de terciopelo del siglo XV que todavía hoy día es propiedad del Gardener Museum. Sargent agrandó considerablemente el estampado para crear el efecto de halo alrededor de la cabeza de Isabella. Por consiguiente, el cuadro recuerda a los iconos religiosos. La primera vez que lo vió, Henry James lo calificó de “Madonna bizantina””. Gardner y Sargent continuaron siendo amigos durante el resto de sus vidas. Ella compró veintidós de sus cuadros y le presentó a clientes influyentes. Sargent le devolvió el favor pintándole un tierno retrato tras el colapso que sufrió en 1920, como tributo a su duradera amistad. 
  
  
Isabella Stewart Gardner 
  
Desde 1894 pertenecía a la Academia Nacional y en 1899 hizo un viaje a América, organizando en Boston una Esposición en la que figuraban 120 cuadros, de ellos 50 retratos. De aquella época data también la serie de pinturas decorativas que hizo para el hall de la Biblioteca Pública de Boston, que representan escenas religiosas.   
  
 Bibliotéca Pública de Boston
  
En el Museo de dicha ciudad, para el que terminó unas pinturas murales en 1925, se encuentra también el grupo de Las cuatro hijas de Eduardo Darly, una de sus obras más curiosas y que difiere bastante de las demás, a causa de la sobriedad en los accesorios empleada por el autor.
  
 
The Daughters of Edward Darley Boit
  
  
 Además, durante su permanencia en América pintó los retrtos de numerosos personajes como Roosevelt  y Rockfeller
  
 Roosevelt
  
 Rockfeller
  
Este viaje contrastó con el que hiciera veinicinco años antes, cuando era casi un desconocido. Si en América tuvo los clientes más ricos y distinguidos, en Inglaterra se consideraba un gran honor ser retratado por Sargent. Políticos, literatos, aristócratas y grandes damas constituían el público habitual entre Sargent, que cuenta entre sus mejores obras los retratos de Elena Terry en el papel de Lady Macbeth, Lord Ribblesdale, Mrs. George Swinton, The Wyndham Sisters, Mrs. Fiske Warren and Her Daughter RachelMiss Helen Duinham  y el Autorretrato del autor  de un vigor y de un parecido extraordinarios.
  
 Elena Terry (Lady Macbeth)
  
 Lord Ribblesdale
  
 Mrs. George Swinton
  
 The Wyndham Sisters
 
 Detalle 01
  
 Detalle 02
  
 Mrs. Fiske Warren
  
 Miss Helen Duinham
  
 Autorretrato
  
Una de las especialidades de Sargent que mayores triunfos le proporcionaron, fueron los grupos de diversas personas. A partir de 1910, el artista que era ya muy rico y no tenía familia, aceptaba dificilmente encargos, prefiriendo dedicarse al arte por el arte. En los últimos años de su vida solía pasar largas temporadas en Venecia, donde pintó, a modo de bocetos, paisajes arquitectónicos. Aun cuando este aspecto de su labor sea el menos conocido, no por eso resulta menos ineresante.
   
 
  
En plena posesión de todos sus medios de expresión y libre de preocupaciones económicas y mundadas, Sargent pinta por el placer de pintar, y de esta época datan algunas acuarelas que pueden figurar entre lo mejor del género. Ejecutó también muy bellas litografías.  
  
  
  
Durante la guerra de 1914-1918 pintó también algunos cuadros de asunto militar de una realidad trágica. Uno de ellos, expuesto en la Real Academia en 1920, fue adquirido para el Museo de la Guerra y es una de sus últimas obras.
  
  
Después de su muerte fueron vendidos algunos de sus cuadros a muy buenos precios. Sargent era benévolo para sus colegas y con frecuencia adquiría obras de otros artistas, sobre todo de los jévenes, a los que gustaba de proteger.
América e Inglaterra, se disputan hoy la gloria de contar entre sus hijos al ilustre pintor, cuyos cuadros constituyen un documento vivo para el estudio de la sociedad de su tiempo.
  
 
  
  
 
  

2 comentarios to “John Singer Sargent (Estados Unidos, 1856-1925)”

  1. luisa martinez perez Says:

    Tu blog es precioso, gracias por haberlo creado.

    http://lilitrana.blogspot.com/

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